Buenos Aires Provincia
Dirección General de Cultura y Educación

Libre

En los espacios abiertos de la pampa, habitaban los mestizos, hijos de blancos e indios. Alternaban entre la ciudad y la toldería. Las enormes cantidades de ganado cimarrón que vagaban por la pampa les brindaron posibilidad de un medio de vida propio. Los días del gaucho se deslizaron en la soledad y el esplendor del gran campo, en la paz sólo huracanada por las bandas de indios, el ganado chúcaro, los fuertes vientos.

El nombre gaucho proviene del árabe “uach” que significa montaraz,  indómito, solitario, arreador de animales. Los árabes, al instalarse en España, introdujeron esa palabra y, los españoles la trajeron al Río de la Plata, cuando colonizaron las tierras. Se supone que los indígenas o los mestizos al pronunciar la primera sílaba la deformaron hasta formar la palabra gaucho o guacho.

Reunión en el interior del rancho. En la pampa, el compañero inseparable del gaucho eran los caballos. Según el relato de los viajeros, éstos andaban alzados y sin dueño. Esta abundancia le daba al gaucho la posibilidad de tomar los caballos cimarrones. Desde su caballo, el gaucho revoleaba las bolas o lazos de cuerda de cuero con una argolla escurridiza en la punta, logrando así tirar al cimarrón, que quedaba preso por el cuello. Luego, era domado.

Por otra parte, el rancho era pequeño y cuadrado, el armazón de postes y varillas de mimbre entretejidas, revocadas con barro y protegidas por cueros. El techo era de paja o juncos y contaba con un agujero en el centro por donde podía escapar el humo.

Idilio criollo. Óleo de Palliere (1863) El mobiliario estaba construido con trozos de madera o cráneos de caballos que servían de asientos, mesitas de poca altura donde comían y jugaban a los naipes, un crucifijo colgado en la pared y a veces, una imagen de algún santo patrono eran los adornos de su morada. Las camas eran pieles de carnero donde descansaban mujeres y niños. Un fueguito en el centro proveía la calefacción. 

La vida se desarrollaba fuera del rancho pero si las condiciones climáticas no lo permitían, toda la familia, perros y animales de granja se juntaban en el interior del rancho. Alrededor de él, había algunos árboles frutales; también las mujeres cultivaban algunos productos, en especial, maíz que les servía de pan, y tejían algunas prendas.

El alimento principal era la carne, asada o hervida –puchero-. Los elementos de la cocina eran simples: el asador, algunos cacharros de barro cosido, unos platos de madera y la pava, donde todo el día se calentaba el agua para el mate. El uso del tabaco era común en ambos sexos, lo consumían en forma de cigarrillos con tabaco envuelto en papel o chala.

El gaucho cantor. Óleo de Gauthier (1856) Las mujeres se vestían con camisas de algodón, enaguas de bayeta o picote azul, que dejaban descubiertos los brazos y el cuello, cuando salían a caballo usaban chales de bayeta de color vivo y sombreros masculinos de paja o lana. Se sentaban de costado en el caballo y eran tan buenos jinetes como los hombres.

El gaucho usaba sombrero y debajo de él tenía un pañuelo que le sujetaba la cabeza. Tenía camisa y chaqueta y lucía pañuelo de seda al cuello de colores vivos. El cuello de la camisa siempre prendido. El chaleco muy abierto, prendido muy abajo, con tres botones esféricos brillantes, y el género de cretona.

El chiripa era un paño negro o azul ribeteado con cinta. El calzoncillo, cribo ancho y fleco angostito, pero muy nutrido de hilos lo que lo hacía gordo. Sus armas eran el puñal que sujetaba una faja de atar el chiripá que era de lana inglesa. La bota era de potro o yegua descarnada. Llevaba espuelas grandes y los más afortunados en el juego, la usaban de plata. El rebenque, generalmente de mango corto con birolas, pero con zotera larga y ancha. Era común el uso del poncho muy bien doblado sobre la cabezada del recado por delante.

El gaucho se reunía con sus paisanos en las pulperías, donde podía tomar unas copitas de caña, comprar cigarros, sal y pan de la ciudad. Allí, se enteraba de las novedades, se armaban rondas de canto acompañados de la música de la guitarra, juegos de naipes. El pulpero, algunas veces, organizaba carreras de caballos, riñas de gallo, salto de la maroma, entre otros. También, bailes debajo del alero de paja de la pulpería, en los que participaban las mozas y los gauchos de la zona. El gato y los cielitos eran las danzas más comunes.

En las pulperías y en los bailes, no faltaba el gaucho cantor, que se dedicaba a cantar  las aventuras y leyendas de los héroes de la pampa perseguidos por la justicia, los llantos de la viuda a quien en un malón los indígenas les habían quitado a sus hijos.

Algunos gauchos se desempeñaban en las actividades del matadero, el saladero y posteriormente la estancia. Los peones se dedicaban a montar a caballo con el lazo, entrar en el corral, enlazar, a sacar al animal fuera del corral y junto a otros peones, a fuerza de golpes, los hacían avanzar hasta llevarlos al sitio donde serían ejecutados. Luego de derribarlos, los desangraban; luego, los desollaban y carneaban. Los cueros eran puestos en la tierra y cubiertos con sal hasta que estuvieran curados. Algunos gauchos estampaban a fuego la marca del los dueños del ganado.

Otros, que conocían palmo a palmo las llanuras, bosques y montañas se transformaban en baquianos. Se orientaba por la posición de las estrellas, por ciertos charcos de agua o por otros signos que pasaban inadvertidos para el común de gente. Por momentos, se agachaba y poniendo su oreja en la tierra advertía el avance de los indígenas u otros peligros.

En general, el baquiano acompañaba a los gauchos troperos, grupo de hombres que se dedicaban al transporte de mercaderías y de ganado por ámbitos indómitos. Los troperos pasaban días y días hasta llegar al lugar de destino, debiendo enfrentar todo tipo de dificultades: el ataque de indígenas, el cuatrerismo, las malas condiciones climáticas.

Escenas de vida de los troperos. El gaucho era un ser eminentemente libre, que tiene en la pampa y a su alcance lo que necesita para su bienestar. De ahí, la persecución hacia este poblador de la tierra que no encajaba en el esquema de los sectores sociales que estaban concibiendo un país en el que la propiedad privada, la producción de materias primas y la incorporación al mercado mundial sería el eje que marcaría su derrotero.

El pintor Emeric Essex Vidal sintetizó la cosmovisión del gaucho desde su concepción europea –compartida por los sectores dominantes que se desarrollaban en el país:

“Como están acostumbrados a hacer constantemente lo que quieren, nunca conciben cariño alguno ni a la tierra ni a sus patrones: no importa cuánto paguen, ni cómo los traten, los abandonan en cualquier momento que se les meta en la cabeza, la mayor parte de las veces, sin despedirse siquiera o diciéndoles, simplemente: "Me voy, porque ya he estado con usted bastante tiempo".

Emeric Essex Vidal. Ilustraciones pintorescas de Buenos Aires y Montevideo. Buenos Aires,   Amorrortu, 1944, p. 35


A continuación, podrá disfrutar de la descripción que algunos viajeros ingleses y franceses hicieron de los juegos y algunas actividades de los gauchos durante el siglo XIX. 

EL Salto de la Maroma. John Miller (1817)

Riñas de Gallo. Alfredo Ebelot (1889)

Galeras y Carretas. Xavier Marmier (1850)